La forma en la que los menores de edad deban ser instruidos y guiados en las escuelas, es un tema bastante controvertido. Son los padres o representantes legales del infante los que pueden tener un altercado o conflicto con el sistema educativo. ¿Puede realmente el estado decidir por encima de un padre?

Tal vez la pregunta correcta deba empezar con la palabra ‘debe’ en vez de con la palabra ‘puede’. Sin embargo, el ser padre o madre no da derecho de comprometer el crecimiento sano de un futuro ciudadano; aunque también es cierto, el estado puede estar bajo una perversa directriz. Dónde y cuándo se es justo o bueno es la gran interrogante.

La religión contra el bienestar y el desarrollo pleno del niño y el adolescente.

Deporte en escuelas

Foto de jovenes en una clase de natación. Imagen cortesía de la página web cascoantiguo.com

No hace mucho la corte de Estrasburgo ha dado una sentencia bastante controvertida: Las niñas musulmanas se verán obligadas a asistir a clases de natación son sus compañeros del sexo opuesto.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera que todos os niños y niñas deben de gozar de una escolarización integral; así como también deben tener una integración completa que no debe cercenada por ninguna práctica religiosa y muchísimo menos por una tradición o costumbre cultural.

Dicha institución ha fallado contra un matrimonio que se rehúsan a que sus hijas asistieran a clases de natación con niños. Esta ha sido una sentencia sin precedentes.

“El derecho de los interesados a la libertad de conciencia y de creencia no había sido vulnerado”, fue el alegato de los padres musulmanes que se rehusaban a que sus hijas fuesen a clase, incluso cuando se les propuso que se les vistiera con un burkini.

¿Quién tiene la razón?

Pese a las diferentes reacciones, yo considero la igualdad de oportunidades y la inclusión social, no debe ser atropellada por el derecho a la libre práctica de la religión.

Es por esto que vivimos en un mundo donde algunos son más que los demás.